¿Celebración? del día de los Derechos Humanos

El pasado 10 de Diciembre el mundo entero se vistió de fiesta para celebrar el Día de los Derechos Humanos. Se conmemoraban 67 años de la aprobación por la ONU de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tras la gran devastación humanitaria que supuso la II Guerra Mundial… pero… ¿de verdad estamos para celebraciones? Son muchos los que dan por sentado que todos tenemos esos derechos, pero sólo hay que leer los tres primeros artículos de la Declaración Universal para darse cuenta que apenas 60 años después todo ha quedado en papel mojado:

Artículo 1

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2

Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición […].

Artículo 3

Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

¡Que se lo cuenten a Corea del Norte! Los que allí habitan no tienen derecho a la libertad de ningún tipo, ni si quiera a huir del país. Millones de personas sufren la represión de unas leyes que no se pueden cuestionar, ya que el resultado puede ser acabar confinado en un campo penitenciario o incluso la ejecución. Arabia Saudí discrimina sin ningún reparo a las mujeres, pues no tienen derecho a conducir, enseñar un tobillo, ni salir solas de casa sin presencia masculina. Eritrea y China tienen las mayores cárceles de periodistas, detenidos muchas veces sin cargos conocidos. Y bueno, qué decir de Irak, Afganistán o Siria.

De los 20 países que vulneraban los derechos humanos en 2008, han pasado a ser 38 este año, según el último informe de la ONU. ¿Qué más hace tiene que ocurrir para que las organizaciones internacionales y los Estados los defiendan? Parece que no es suficiente con las personas que mueren cada día, las que no tienen acceso a la sanidad y la educación y las que viven sumidas en la pobreza extrema.

Los Derechos Humanos no son un escrito que hay que cumplir per sé. Están fundamentados por las atrocidades que ha vivido nuestro mundo a lo largo de los siglos y que establecen los pilares básicos que debe disfrutar cada ser humano por el simple hecho de haber nacido. Unos derechos que deberían ser universales, prioritarios e innegociables, y no un lujo del que disfrutan sólo las personas que viven en los países más desarrollados. Ante semejante panorama, no podemos mirar hacia otro lado.