Desde el sillón

Tendemos a verlo todo cómodamente sentados en el salón de casa, desde ese sillón al que “estamos tan hechos”. No es el único, al fin multitud de sillones nos condicionan. No se trata de ser culpables de nada, pero sí de asumir al menos la autoría de la propia indiferencia. Porque…¡qué demonios¡ se está muy bien en la butaca del etnocentrismo, de la responsabilidad de terceros o la conciencia recién lavada en el cepillo
parroquial del domingo o la ONG. La conciencia gusta de esos acomodos, de esos resquicios por los que dejar escapar la presión que supone a veces tanta noticia, imagen..realidad.
Pero, a poco sensibles que seamos, el mundo, las condiciones de vida de millones de seres, la justicia y tantas otras cosas llaman, lo queramos o no a nuestra puerta. Da igual los sordos que seamos o queramos parecer. Incluso aunque sólo fuese porque sabemos que un día las cosas pudieran no pasarles sólo a los demás sino a nosotros también y, ¡uff, que terrible¡
Sea como sea no nos engañemos, demás y nosotros no son más que formas gramaticales de algo que sabemos y a lo que no escapamos, nuestra condición de iguales. Nadie que no sea nosotros va a cambiar las cosas y ese nosotros no admite exclusiones tanto si nos gusta como si no.

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