Europa para los niños refugiados: ¿Puerta a la libertad o sentencia de esclavitud?

Aunque el concepto de “refugiado” se ha puesto de moda desde que el conflicto sirio comenzó a afectar a Europa, lo cierto es que, por desgracia, no es ninguna novedad. Afganistán, Iraq, Somalia… Siria es tan sólo un nombre más de la lista de países que sufren un conflicto bélico y cuyos habitantes no tienen más opción que huir. Ya os contamos lo duro que fue ser un niño en mitad del Holocausto nazi pero, ¿qué supone ser un niño refugiado en el contexto actual? Una vez más, los más pequeños se llevan la peor parte.

De los 26.000 niños refugiados que cruzaron las fronteras europeas sin compañía de un adulto, más de 10.000 han desaparecido, un 50% sólo en Italia y cerca de 1.000 en Suecia. Algunos es posible que estén junto a sus familiares sin que las autoridades tengan constancia de ello, pero este sería el mejor y el menos probable de los casos, porque las mafias de tráfico de personas se están frotando las manos con la cifra de menores indefensos que deambulan por Europa. A muchos les espera la explotación sexual y el esclavismo bajo el yugo de organizaciones criminales con base en Hungría y Alemania y actividad en todo el continente.

¿Se están tomando suficientes acciones ante este horror? ¿Qué va a pasar con la salud física y mental de esos niños? ¿Y su educación? ¿Su futuro? Ya hay quien habla de una generación perdida, dada la magnitud de esta crisis humanitaria. Y, para colmo, nuestro país no se está implicando lo suficiente, pues, según Oxfam Intermon, sólo hemos aportado un 37% de los fondos que nuestra economía se podría permitir para esta causa. En el caso de los vecinos de Siria, como Líbano o Jordania, han gastado 6.892% y 5.628% de lo que les correspondería respectivamente…

En definitiva, queda demostrado que hasta que no nos afecte de forma directa y sin posibilidad de escaquearnos, no vamos a terminar de enterarnos de lo que está pasando en el mundo.

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