Los de allí, los de aquí

“Menos ayudar a los de fuera y más a los de aquí”, “vienen a aprovecharse de todo sin poner nada a cambio”, “que se vayan a su país”, “colapsan la sanidad”…etc. Esas frases no nos son ajenas y encierran, además de notorias y comprobables falsedades a menudo, una concepción de las cosas en términos tan comprensibles a veces como profundamente injustas siempre. Cuando hablamos de carencias, de Derechos Humanos, de Justicia, no podemos obviar el entorno y la potencialidad de éste. España no conoce, afortunadamente, determinados grados de precariedad habituales en otros espacios geográficos. Las zonas de conflicto, de hambruna, de infradesarrollo somete a sus moradores a terribles condiciones desconocidas para nosotros.

Pero por encima de ello está la concepción del ser humano como igual, como poseedor de los mismos derechos y dignidad viva donde viva. Cualquier ser humano es nuestro igual y por tanto nuestra disposición a dar o recibir de él es la misma. En ese sentido somos todos de AQUÍ, las nacionalidades, religiones, idiomas, razas o ideales son elementos muy respetables pero no determinan nuestra dignidad.

Comparte este artículo con tus amigos en redes sociales