Transparencia y ONGs

Pocas organizaciones son tan transparentes como las ONGs. Máxime aún si son de tamaño pequeño o medio. Dudar de su transparencia y honradez es hacerlo de las personas que las componen y por tanto hablar de fraude u organización para la delincuencia.

Nadie obliga a nadie a ser voluntario, sensible a determinada causa, activista, a sumarse en definitiva a una consecución. La obtención, custodia y distribución de fondos es uno de los elementos importantes de estos empeños. A menudo micro-proyectos, pero que requieren de una organización que los haga posibles. Hay mucho detrás un pozo, una escuela o un dispensario que se abren a miles de kilómetros. Desde el donante, pieza esencial y tal vez menos visible del engranaje hasta el receptor, a menudo ajeno incluso a la necesidad.

En ocasiones se oye el argumento de: “a saber dónde va ese dinero”. Es muy ofensivo escucharlo, no es un argumento sino un insulto. Excepciones las hay, pero la inmensa mayoría de la gente que trabaja en esas causas lo hace, tal vez con errores, pero siempre con celo y empeño.

La trazabilidad de los fondos obtenidos es una de las principales preocupaciones y ocupaciones de las ONGs, basta con echar un vistazo a sus páginas o demandar esa información.

Donar es libre, ayudar es libre, denunciar es un deber y difamar una indignidad.

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